SEPTIEMBRE
2014
N°11

LA NEL EN ACCIÓN
Infancia

El dispositivo analítico con niños en un Centro de Salud Mental
Alba Alfaro, NEL Maracay

En la consulta de un Centro de Salud Mental[1] se reciben escolares referidos por instituciones educativas para evaluación y tratamiento. Esta consulta se inscribe en el contexto de un Servicio Universitario para la Comunidad. El equipo que atiende -psicólogos voluntarios y estudiantes del último año de psicología, todos analizantes-, lo hace bajo mi coordinación como psicoanalista de la Orientación Lacaniana.

Las instituciones educativas demandan informes diagnósticos, pero les ofrecemos a cambio ocuparnos de la problemática subjetiva, orientados por el síntoma. La eficacia del dispositivo en la resolución de situaciones complejas ha hecho que se sostenga esta oferta.

A lo interno del equipo la discusión clínica intenta situar las modalidades del goce singular en cada caso. La transferencia exige un cuidado especial del practicante para evitar la derivación del caso por parte de las escuelas hacia un tratamiento neurológico. Se trata de una tensión permanente donde el psicoanálisis se enfrenta, con su oferta y sus recursos, a las quimeras científicas del mercado.

Un caso atendido en este Centro permite ubicar las posibilidades del dispositivo analítico en una institución de salud mental.

Se trata un niño que inicia su recorrido a los 10 años, permaneciendo dos años y medio en el dispositivo. Referido por dificultades escolares, su problemática da cuenta de una inhibición de la escritura y la lectura. Llega medicado, con diagnóstico de Déficit de Atención y la madre demanda "otra opinión", pues la medicación no mejora su problemática escolar. Esta madre es adoptiva. Casada y sin hijos, tiene vínculos de consanguinidad con él. Ella manifiesta un sufrimiento particular con este hijo: lo cuida como si fuese "un niño prestado". Le supone un retardo mental, del cual duda y se angustia. Este "retardo" lo sitúa para ella como un "un campesino sin futuro", en la serie de los hombres de la familia.

Primer tiempo: El síntoma-modo de goce.

Indiferente a sus propias dificultades escolares, no parece preocuparle la opinión de los otros hacia él: grita y gesticula a veces, aparentando ser retardado. No tiene amigos y algunos docentes lo consideran "especial". En este tiempo construye historias donde nombra el goce en juego para él: "un caballo salvaje". Una interpretación apunta a develar la otra cara de esta forma de goce: "el salvaje está solo y asustado". Su efecto se constata enseguida: deja de mostrarse divertido e indiferente a sus propios problemas.

Segundo tiempo: El síntoma-malestar.

Construye historias sobre un personaje débil y temeroso a quien los más fuertes atacan y otros vienen en su ayuda. Se muestra triste ante sus dificultades escolares, las cuales niega con molestia. Rebelde con los padres y en especial con la madre, le reprocha que ella "no es su mamá". La madre deja de traerlo un tiempo y retoma las consultas con el neurólogo. Luego vuelve preocupada: él está peor. Me pide que le comente a él la historia que ella no logra transmitirle: el amor que la inspiró a adoptarlo. Yo accedo. En la siguiente sesión él construye un juego donde produce un significante nuevo, "robo", con el cual se revela la verdad de su posición en el fantasma materno. A partir de aquí se recoge un efecto: deja de reprocharle a la madre y cesa su rebeldía.

Tercer momento: Del síntoma-deseo.

Cuida ahora su imagen ante los otros, hace lazo con sus pares y avanza notoriamente en la escuela, cediendo la inhibición en forma progresiva. Sin embargo, encontrándose al final de la primaria, aún no alcanza el desempeño exigido para entrar en la secundaria. Frente a esta situación la escuela propone dos opciones: continuar una formación técnica que lo prepararía para el trabajo; o repetir el año, apostando a su nivelación dentro del sistema regular. En el momento límite para esta decisión él sale de la vacilación y hace valer su deseo: quiere estudiar. Logra entonces ser promovido para ingresar a la secundaria. Planificando su fiesta de promoción y su nuevo estatuto de estudiante regular, suspende por el momento su tratamiento.

El tiempo de recorrido de un análisis es el de la lógica de la cura, orientada por lo real singular en juego. Sostener esta lógica en el contexto institucional implica la acción lacaniana al menos en dos niveles: el del inconsciente que manda a gozar y el de la ciencia que oferta modos de goce estandarizados.

El campo de la salud mental, sostenido por el discurso de la ciencia, supone el mismo sujeto que el del síntoma definido como modo de goce. Un sujeto completado por su goce, eximido de su responsabilidad, que pierde su condición de "sujeto de pleno derecho", incapaz de responder por sus actos. El síntoma, en su estatuto de modo de goce, carece del "pathos de la responsabilidad, la patología esencial del sujeto."[2] Es decir, del sentimiento de culpa, cuyo sentido implica "sentirse responsable de no se sabe qué"[3].

El psicoanálisis es un tratamiento que se distingue del campo de la salud mental por dirigirse a un sujeto de pleno derecho, responsable de su goce. Desde Freud la culpabilidad es una "condición de la práctica analítica"; por tanto, comprobar su existencia o producirla es el objetivo inicial de este tratamiento.[4]

La acción lacaniana en el campo de la salud mental introduce el "sujeto de pleno derecho", descompletando este campo. Esta acción, sostenida en el acto analítico, implica perturbar el modo de goce singular del parlêtre, y la producción de un sujeto responsable de su goce.

NOTAS

  1. Cesamuc, adscrito a la Universidad de Carabobo-sede Maracay, Departamento de salud mental de la Escuela de Medicina.
  2. Jacques-Alain Miller, "Salud Mental y orden público", Introducción a la clínica lacaniana, Conferencias en España, ELP-RBA, Barcelona, 2007, p. 124
  3. Ibídem.
  4. Ibídem.