SEPTIEMBRE
2014
N°11

LA NEL EN ACCIÓN
Psiquiatría

Una lectura desde el psicoanálisis a los sistemas clasificatorios de la psiquiatría hoy
Lizbeth Ponce, NEL Caracas [1]

Desde el inicio he tratado de reconciliar algunos puntos entre la psiquiatría y el psicoanálisis, pero uno de los puntos para mí casi irreconciliable es el de los Sistemas Clasificatorios (ICD y DSM) Si bien no es hasta el siglo XIX que se considera la posibilidad de enfermedad mental en el niño, al inicio las clasificaciones incluían estos diagnósticos basándose en los aportes de la neurología, la pediatría, la psiquiatría clásica y los descubrimientos freudianos, colocando así nociones diagnósticas como neurosis por ejemplo. Pero poco a poco el sujeto sufriente pasó a ser un listado de síntomas que deben ser encasillados en uno de los tantos diagnósticos que hay para ellos.

Esto se hace mucho más evidente en el diagnóstico de la psiquiatría infantil; rama de la psiquiatría donde distintos autores advierten sobre no usar los diagnósticos utilizados para los adultos pero, aunque hay toda una sección para patologías infantiles, éstas se entremezclan. Valga por caso el boom actual del diagnóstico de trastorno bipolar en niños y adolescentes, así como también el trastorno de atención en adultos.

Ahora desde la psiquiatría se pasa lista a los síntomas del niño, se toma el tiempo de los mismos, se pasan encuestas a los padres, a la maestra y al cumplir con los criterios el niño es diagnosticado, etiquetado y medicado. Estas encuestas no necesariamente las pasa el psiquiatra ya que existen encuestas para diagnosticar trastornos infantiles que las pueden pasar los maestros.

Los diagnósticos que se utilizan en la psiquiatría actual provienen del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, conocido como DSM, realizado por la Asociación Psiquiátrica Americana, APA, uno de los más conocidos sistemas clasificatorios de trastornos mentales a nivel mundial y que ha creado mucha controversia en su quinta edición (2014) por sus modificaciones, así como el rechazo de la Organización de Salud Mental de EUA. El otro sistema es el CIE, Clasificación de los Trastornos Mentales y del Comportamiento, realizado por la Organización Mundial de la Salud, OMS.

A pesar de existir otras clasificaciones importantes en el mundo -por ejemplo la GLADP-VR, basada en el CIE y hecha por la Asociación Psiquiátrica para Latinoamérica, APAL, para combatir el a-teoricismo del DSM, o la CFTMEA para niños en Francia donde se mantienen basamentos psicoanalíticos y se toma en cuenta la estructura subjetiva-, son el DSM y el CIE los sistemas clasificatorios de más uso.

Tanto el DSM como el CIE son sistemas clasificatorios a- teóricos, basados solo en la observación de los síntomas, que no necesitan contar con ninguna hipótesis y que tampoco hablan de ninguna etiología o causa del trastorno; solo plantean posibles relaciones causales de origen biológico. Por ejemplo, según el DSM el Trastorno de Atención tiene como factor predisponente anormalidades del sistema nervioso central tales como epilepsia, parálisis cerebral, neurotoxinas, abuso y maltrato. Lo cual evidencia la ausencia de una causa orgánica neurológica especifica que tanto pregonan.

Para hacer un diagnóstico según estos sistemas clasificatorios lo que hay que hacer es observar y mediante la entrevista con los padres, la maestra y las encuestas (por ej. la O´connors) lograr obtener los ítems ya preestablecidos en los criterios para estos trastornos.

Si se utiliza este sistema clasificatorio solamente para hacer un diagnóstico, la única opción de tratamiento será la farmacológica y/o la terapia cognitivo conductual, obviando de manera drástica todas las posibles causas psíquicas y por ende todas las opciones psicoterapéuticas y psicoanalíticas para tratar la causa del síntoma.

El uso del fármaco y de la terapia cognitivo conductual son solo formas para hacer desaparecer el síntoma dejando al sujeto sufriente sin un espacio para hablar, para construir un discurso que pueda ser escuchado. El efecto es que sea totalmente borrado este sujeto por aplicar un sistema clasificatorio, donde no aparece lo particular del síntoma, la angustia, el modo en que el sujeto trata su síntoma, la estructura clínica y la forma que toma el síntoma o la angustia en la transferencia.

Como lo menciona Leonardo Gorostiza[1] "la clínica psiquiátrica como práctica de observación y cuidado del detalle, ya no existe más. Dicho de otro modo, nos encontramos de lleno en la era de la psiquiatría postclínica. Y esto porque día a día se profundiza el proceso de reabsorción de la psiquiatría en la neurobiología en pos del cumplimiento de un ideal cientificista: conseguir que el enfermo no hable. Es el ideal de alcanzar una clínica muda, una clínica – si se quiere seguir llamándose así- de la pura medicación. Una clínica en la que bastaría reducir el diagnóstico a una cifra para indicar el medicamento adecuado. Es el ideal al que apuntan el DSM y las variantes de los manuales diagnósticos".

Cuesta entender en qué se diferencia la "moderna" psiquiatría de nuestros tiempos, la psiquiatría del siglo XXI, de la psiquiatría del siglo XVII donde la causa de los trastornos mentales era orgánica y su tratamiento era dirigido exclusivamente a esa supuesta única causa.

NOTAS

  1. Gorostiza, L.:"Psiquiatría y Psicoanálisis: Diagnostico, institución y psicofármacos", Buenos Aires 2007, pag.11.