SEPTIEMBRE
2014
N°11

LA NEL EN ACCIÓN
Toxicomanías

Un abordaje psicoanalítico de los efectos tóxicos en la adicción
Luis Iriarte, NEL Maracaibo

Al momento de examinar la teoría psicoanalítica en relación al tema de las adicciones y sus efectos en el individuo, nos encontramos con dos efectos generados por los tóxicos que deben ser tomados en cuenta. El primero de ellos, aparece en una carta que Freud[1] escribió en 1897, donde explicaba que el alcohol, el tabaco y otras drogas aparecían en la vida adulta como sustitutos de la masturbación, que era considerada como la primera y gran adicción.

Esta fórmula "sustitutos de la masturbación" podría ser interpretada como el relevo de una satisfacción que está al alcance del ser humano, desde el origen de su vida. Pero que en un momento dado, le es prohibida y por ello se espera que encuentre algún sustituto; por ejemplo una pareja. Por lo tanto, a partir de este planteamiento freudiano podríamos deducir que un primer efecto de la droga sería el de proporcionar satisfacción.

Décadas más tarde, Freud retomará el tema de los narcóticos para agregar un segundo efecto que éstos pueden producir. En 1930, manifestó que los individuos se servían de ciertas "muletas"[2] para responder a esa realidad en la que estaban inmersos, que llevaba consigo sufrimientos y decepciones. Una de esas "muletas" eran las drogas que volvían insensibles a los consumidores frente a la insoportable pesadez de la vida. Es decir, que al mismo tiempo que les ayudaba a responder a su realidad – volviéndolos insensibles-, dichos tóxicos proporcionan una satisfacción. Por lo tanto, gracias a esta segunda referencia freudiana, se observa que los narcóticos presentan dos efectos: generan intensas sensaciones placenteras y permiten al individuo responder, con la ayuda de una "muleta", a aquello que se presenta como insoportable en su vida.

Se debe destacar que estos efectos de la droga pueden leerse también en teorizaciones posteriores, como por ejemplo cuando Lacan expresó: "la droga es lo que permite romper el matrimonio con el pequeño-pipí[3]". Esta fórmula, tan conocida en el campo del psicoanálisis lacaniano, permite comprender cómo la droga sería aquello que permite encontrar un goce más allá de aquel proporcionado por el goce fálico[4] o "pequeño-pipí", tal como Lacan se expresa en aquel momento. A partir de esta referencia, se presenta a la droga como un recurso que "permite romper" ese matrimonio, es decir, permite separarse de algo que podría considerarse como insoportable.

No obstante, se podría avanzar un poco más en este tema si tomamos en cuenta otra cita de Freud, de su artículo de 1930: "...el hecho es que existen sustancias extrañas al cuerpo cuya presencia en la sangre y en los tejidos nos procura sensaciones directamente placenteras, pero a la vez alteran de tal modo las condiciones de nuestra vida sensitiva que nos vuelven incapaces de recibir mociones de displacer […] Pero también dentro de nuestro quimismo propio deben existir sustancias que provoquen parecidos efectos, pues conocemos al menos un estado patológico, el de la manía, en que se produce esa conducta como de alguien embriagado sin que se haya introducido el tóxico embriagador…"[5] Lo importante de lo que allí se señala, es que al mismo tiempo que Freud le asigna efectos específicos a las drogas, él introduce la hipótesis que en nuestro organismo podrían haber ciertos componentes que produzcan esos efectos tóxicos, a pesar de que no se haya consumido una sustancia. Este punto aparece como fundamental para abordar un tema que está cada vez más presente en nuestra época, es decir, la adicción generalizada.

¿Qué aprendizaje podríamos extraer de la adicción generalizada para hablar de los efectos tóxicos? Una respuesta posible es: sabemos que las sustancias tóxicas pueden tener unos efectos específicos de acuerdo a su composición química. Sin embargo, los efectos que el tóxico va a producir en el organismo dependerán de cada ser hablante. Esto se deduce de la adicción generalizada, donde podemos percibir como una actividad ordinaria puede convertirse en adictiva para un individuo, mientras que para otro la misma actividad no genera adicción alguna.

Entonces, si el objeto-droga no es lo determinante para producir dichos efectos; se podría suponer que éstos vienen precedidos por otros efectos. En este punto, tomamos como referencia un planteamiento de Lacan del Seminario "Aun", cuando habla de los efectos de un decir y manifiesta que "esos efectos agitan, remueven, preocupan, a los seres que hablan"[6]. Por lo tanto, los efectos tóxicos están determinados por esos dichos que traumatizaron el cuerpo y que inscribieron una modalidad de goce. En esta vía se podría entender la formulación de Mauricio Tarrab[7], cuando expone que más allá de la sustancia (o de la actividad adictiva) lo que se presenta como tóxico es el goce. Por ello, los efectos tóxicos serán a la medida de cada uno, ya que éstos se establecerán a partir del "programa de goce"[8] que ha sido inscrito de manera singular.

NOTAS

  1. Freud, S., "Carta 79", Obras Completas, Buenos Aires: Amorrortu, 2004, t. I, p. 314.
  2. Freud, S., "El malestar en la cultura", Obras Completas, Madrid: Biblioteca Nueva, 1989, t. III, p. 3024.
  3. Lacan, J., Journées d'étude des cartels de l'École freudienne de Paris. Séance de clôture, 1975, inédit.
  4. Laurent, E., "Tres observaciones sobre la toxicomanía", disponible en: http://wapol.org/es/las_escuelas/TemplateImpresion.asp?intPublicacion=4&intEdicion=1&intIdiomaPublicacion=1&intArticulo=168&intIdiomaArticulo=1
  5. Freud, S., "El malestar en la cultura", Obras Completas, Buenos Aires: Amorrortu, 2004, t. XXI, p. 78.
  6. Lacan, J.: "El amor y el significante", El seminario, libro 20, Aun, Buenos Aires, Paidós, 2004, pág. 59.
  7. Tarrab, M., "…Mírenlos cómo gozan!!", Sujeto, Goce y Modernidad. Fundamentos de la clínica. Buenos Aires: Atuel-TyA, 1995, p. 41.
  8. Miller, J.-A, « El futuro del Mycoplasma Laboratorium », disponible en: http://ampblog2006.blogspot.fr/2007/10/miller-xxxvi-jornadas-de-la-ecf.html