SEPTIEMBRE
2014
N°11

LA NEL EN ACCIÓN
Universidad

De la acción lacaniana como in-acción lacaniana
-Dos casos en la universidad-
Ana Victoria Saldarriaga, NEL- Medellín

"Cada día nos levantamos para la misma tarea, comprender lo incomprensible". No olvido esta frase de Freud. Con el tiempo y desde mi propia experiencia, he podido agregar que esa tarea pasa por soportar lo insoportable. Lo insoportable es el nombre que podría dar a lo real que se interpone en la marcha de las cosas. Podemos pensarlo, como Lacan nos lo indica en La Tercera, como aquello que se interpone para impedir que las cosas marchen según el discurso del amo. Pero también a la inversa, el discurso del amo puede ser un real que se pone en cruz para impedir que las cosas marchen, cuando esas cosas son las del deseo.

Por ejemplo, aún dentro del medio universitario, es muy frecuente que sea el discurso superyoico, duro, excluyente y en voz alta el que se haga oír. No importa, incluso, que sea un neurótico quien lo profiera, pues nadie escapa al superyó, núcleo del discurso del amo. La cuestión es la manera como cada quien se relaciona con sus manifestaciones en un momento dado.

Recuerdo dos casos en que ese discurso del amo, molesto e insoportable, se puso de frente, allí donde mi deseo me había llevado a tomar la palabra que se ofrecía. El contexto es el de la jornada anual que la escuela doctoral propone a los estudiantes. En el primer caso, como participante, debía enviar un resumen de mi exposición para someterla a consideración del comité académico. La respuesta que obtuve me dio a entender que el lazo social con el psicoanálisis estaba roto. Entre las puntuales y acertadas preguntas que me permitieron reorientar la proposición había una, justo aquella que implicaba al psicoanálisis, en la que era evidente que éste era un nudo problemático para aquel que leía mi resumen. Yo lo proponía como una de las soluciones posibles a la problemática examinada, y el lector lo leyó como la solución al proyecto de investigación. Sus palabras, en las que puede percibirse algo de ofuscación y contrariedad fueron: "¿Cómo puede uno anunciar una solución cuando se formula un proyecto de investigación?" Este error en la lectura me advertía de la presencia de una inquietud por el psicoanálisis. Así que yo no podía ni defenderme de la lectura equivocada ni corregirla. Ningún argumento sería escuchado. Corregí las inconsistencias señaladas en mi resumen y pasé por alto la inconsistencia de la lectura acerca de la "solución" psicoanalítica.

El segundo caso se presentó el día de la jornada. Después de mi intervención, una asistente, también doctorante en psicoanálisis, me preguntó por esas cosas que abren el diálogo cuando uno apenas se conoce. Al saber que yo no vivía en París y que el director de investigación había aceptado esta circunstancia con la condición de entrevistarnos cuando la investigación lo requiriera, súbitamente, la dama cambió el tono amable de su conversación y con una fiera mirada me dijo que a ella no le gustaba ese tipo de cosas. Algo de sí misma tuve que haber movido con mi respuesta que la ofuscó tanto. Así que permanecí en silencio y a su lado esperando que pasara la tormenta. En la sesión de la tarde se sentó a mi lado y me contó en un tono simpático que ella tenía una amiga que también vivía fuera de París y se entrevistaba con su director de tesis cada cierto tiempo. Yo asentí entonces y la conversación fluyó tranquilamente.

En el primer caso, pude leer miedo; y en el otro, horror al propio deseo y a los goces implicados. Así que soporté el malestar de las respuestas, soporté el real insoportable. ¿Martirio? No, esas acciones no estaban en ninguno de los órdenes del sufrimiento fantasmático; estaban en el de permitir al sujeto, obturado en la vociferación del discurso del amo, encontrar, desde esa su protesta y su defensa, la salida hacia su propio discurso y deseo. ¿Qué significa ese "soportar"? ¿En qué consiste? ¿Es que puede pensarse como algo del orden de una acción lacaniana? Creo que sí, pues el resultado obtenido en los dos casos permitió un lazo social posible para cada sujeto. ¿Qué tipo de acción? Creo reconocerla en estas palabras de Lacan en el seminario 16[1]:

Callarse, no ver nada, no escuchar nada, ¿quién no recuerda estos términos con los que una sabiduría que no es la nuestra indica la vía a los que quieren la verdad? ¿No hay algo raro, siempre que se reconozca el sentido que asumen entonces estos mandamientos, en ver una analogía con la posición del analista? Pero su contexto le da estos frutos singulares. Del callarse se aísla la voz, nudo de lo que, del decir, hace palabra. Del no ver nada, que tan a menudo observa el analista, resulta el aislamiento de la mirada, que es el nudo apretado de la bolsa de todo, al menos de todo lo que se ve. Por fin, el no escuchar nada de estas dos demandas en las que se deslizó el deseo, y que lo comandan y lo confinan a la función del seno o del excremento.

Así que cuando no respondí a la palabra ofensiva ni a la mirada airada, no era una santa, lo que hice fue no escuchar las demandas que había en cada una de las palabras que se me dirigían, anal en el primer caso y oral en el segundo. Ahora entiendo, entonces, por qué el resultado fue el del deseo de cada uno puesto en obra. En el primer caso, el día de la jornada, una escucha atenta para el psicoanálisis por parte del lector de mi resumen; en el segundo, un año después, en la siguiente jornada, una amable acogida para los participantes, que no excluyó un delicioso menú, pues la dama en cuestión se integró a la comisión organizadora del evento. Y de mi parte, escribiendo estas líneas, comprendo que mi deseo pudo marchar en la medida en que aquellos deseos que tocó también marcharon. Se trata un poco de la misma dinámica que marcó la salida de los tres prisioneros en el famoso apólogo de Lacan. Bastó, entonces, una acción lacaniana, esta que, paradójicamente es in-acción[2], la de no escuchar las demandas en las que se deslizaba el deseo, para que este tomara forma y se movilizara.

NOTAS

  1. LACAN, Jacques. El seminario 16, De otro al otro. Buenos Aires, Paidós. 2008. P. 318.
  2. Escribo in-acción con el guión para indicar el lugar del objeto a en ella.