SEPTIEMBRE
2014
N°11

LA NEL EN ACCIÓN
Universidad

El psicoanálisis y la universidad
Hacia la invención de un dispositivo de formación e intervención en salud mental
Ximena Castro [*], NEL-Cali

Fue con el ánimo de consolidar un espacio formativo para los estudiantes de psicología de la Universidad Icesi de Cali, a la vez que buscábamos modos de intervención frente a ciertas manifestaciones actuales del malestar en nuestra cultura, que constituimos un espacio académico para discutir el tema de la salud mental. Uno de los resultados de este espacio fue la propuesta de un dispositivo de formación y atención psicológica llamado "Consultorio de atención psicosocial". Presentaré a continuación algunos referentes, supuestos y principios que orientaron este proyecto cuyo estatuto actual es el de un "work in progress".

 

La salud mental, la época y el contexto local

Partimos de una reflexión en torno a las coordenadas que definen hoy el campo llamado "salud mental". A lo largo de este ejercicio nos orientamos por algunas referencias contemporáneas del psicoanálisis aplicado en la vertiente trazada desde la política y la acción lacaniana.

Trabajar sobre una definición de "salud mental" no fue una tarea sencilla, ya que al no constituirse como una unidad epistémica, esta adquiere un carácter prescriptivo erigiéndose como un ideal que responde a las lógicas del "orden público"[1]. En pocas palabras, la salud mental no existe, es un imposible. Sin embargo, si se aborda desde una perspectiva política, es un ideal social que debe buscarse. Así lo ha establecido la OMS en las últimas décadas, proponiendo una definición que condensa un "significado universal de sentido común" de la "salud mental positiva"[2], la cual se distingue de aquella que se centraría en el mero tratamiento de los trastornos mentales:

"La salud mental es un estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad"[3].

Esta definición vincula la salud mental a la condición de ciudadanía, a los derechos humanos y al capital social, convirtiendo la salud mental no solamente en un asunto de todos, sino también transformándola en un servicio que debe administrarse, gestionarse y medirse con base en evidencia científica[4].

Si bien es cierto que la inclusión de la salud mental en un marco de derechos ciudadanos es algo benéfico en la medida que ha contribuido a humanizar las instituciones psiquiátricas, así como a promover el trato digno a los enfermos mentales, se constata, más recientemente, un deslizamiento de la salud mental hacia las lógicas del mercado, la prevención generalizada y el paradigma de evaluación y gestión de los factores de riesgo[5]. En este nuevo contexto, caracterizado también por un retorno con fuerza del objetivismo médico, aunado a la medicalización de la vida cotidiana y al uso extendido de los psicofármacos, el sujeto que sufre aparece reducido a un usuario y como tal excluido de la atención.

La abolición del sujeto de la atención en salud mental, así como la reducción de sus síntomas a trastornos[6], los cuales no cesan de multiplicarse en las nuevas clasificaciones psiquiátricas, son algunas de las coordenadas que definen el campo donde operan los profesionales "psi".

En Colombia, la situación no difiere significativamente de lo descrito anteriormente, salvo que la legislación en salud mental es mucho más reciente si se compara con otros países suramericanos, lo que ha redundado en una carencia de dispositivos de atención en salud mental, como alternativa a la internación y la medicalización. Más recientemente se han introducido, con fuerza hegemónica, las terapias conductuales en la mayoría de instituciones prestadoras de salud, por considerarse más eficientes y eficaces.

 

Una propuesta, nuestra invención

En este escenario nos propusimos inventar un dispositivo de formación para los estudiantes de psicología donde se rescatara "la utilidad social de la escucha"[7], a la vez que se constituyera como un lugar de resistencia frente al aplacamiento farmacéutico, el condicionamiento adaptativo y las prácticas segregativas y estigmatizantes que caracterizan el campo de la salud mental en nuestro contexto local.

Diseñamos un espacio donde la escucha y la palabra tienen un lugar privilegiado en el tratamiento del malestar subjetivo, promoviendo entre los estudiantes una actitud crítica frente a la protocolización y estandarización de un tratamiento, para priorizar, en su lugar, el despliegue de una escucha desprejuiciada, alejada del ideal de vida del terapeuta y de los referentes morales convencionales. Una escucha atenta a lo nuevo, lo sorprendente, lo impredecible que constituye la subjetividad. Una escucha que surge de una posición de no-saber y que posibilite al sujeto sufriente articular sus propias respuestas. Sosteniendo una posición crítica frente a las etiquetas diagnósticas de los manuales nosológicos tipo DSM, reconocemos la utilidad y necesidad del diagnóstico, entendido como acto clínico, el cual se deriva de un juicio clínico necesariamente fundamentado en un campo epistémico y cuyo único fin único es orientar una intervención[8].

La puesta en marcha de este dispositivo ha introducido desde sus inicios la pregunta por la posición ética de los psicólogos en formación, evidenciando que el trabajo clínico los implica subjetivamente. El psicólogo no puede estar inadvertido del poder que tienen las palabras y los actos que desde su posición se enuncian y de estos solo él puede hacerse responsable. Posicionarse ética y políticamente frente a su quehacer implica por un lado interrogarse permanentemente por las consecuencias de sus intervenciones, y por otro, situarse críticamente frente al poder que le otorga su rol profesional.

A lo largo de nuestra reflexión, enmarcada en el ámbito universitario, la orientación ética y política de la acción lacaniana ha resultado ser el referente más valioso, considerando su apuesta decidida por el sujeto en tanto hablanteser.

NOTAS

* Asociada de la NEL-Cali. Profesora del Departamento de Estudios Psicológicos de la Universidad Icesi de la misma ciudad.

  1. Miller, J.-A. (2010) Salud mental y orden público. Instituto del Campo Freudiano de Granada. Editorial de la Universidad de Granada
  2. Organización Mundial de la Salud (2004). Promoción de la salud mental: Conceptos, evidencia emergente y práctica. (2004) Informe compendiado. Departamento de salud mental y abuso de sustancias de la OMS, en colaboración con la Fundación Victorian para la promoción de la salud y la Universidad de Melbourne.
  3. Ibidem.
  4. Ibidem.
  5. Laurent, E. (2000) Psicoanálisis y salud mental. Buenos Aires: Editorial Tres Haches.
  6. Morao, M. (2008) La tendencia actual a eliminar los síntomas. Revista Virtualia. No. 13. http://virtualia.eol.org.ar/013/default.asp?notas/morao.html
  7. Miller, J.-A. (2004) De la utilidad social de la escucha. Revista Virtualia No. 10. http://virtualia.eol.org.ar/010/default.asp?notas/jamiller-01.html
  8. Miller, J.-A. (2003) Introducción al método psicoanalítico. Buenos Aires: Grama Ediciones.