SEPTIEMBRE
2014
N°11

LA NEL EN ACCIÓN
Violencia

Violencia y Cuerpo
Diana Ortiz, NEL-Caracas

La violencia como síntoma social ha estado presente en nuestra cultura desde siempre. Como fenómeno no es propio de la contemporaneidad, sin embargo vivimos una época donde las manifestaciones o expresiones de la misma ocupan un primer plano comenzando a formar parte de nuestra cotidianidad bajo distintas formas y modos de presentación, constituyendo así nuevos síntomas.

Hablar de violencia como síntoma social nos conlleva a pensar que ese significante agrupa, sugiere un lugar común; nos da la idea de pertenecer todos a una especie de categoría, donde hay unos que son iguales y otros que son diferentes. Esta especie de los que sí pertenecen a la categoría nos homogeneiza en "Todos violentos". El hecho de nombrar nuestro ser a través de un todo puede en algunos casos darnos cierta identidad y tranquilizar, siempre y cuando el significante que nombre al grupo pertenezca "a lo socialmente aceptado", no siendo ése el caso del Significante violencia.

Nuestra práctica, inserta en una sociedad, se ve convocada a aislar y separar del síntoma global la subjetividad y lo singular del sujeto que viene a vernos bajo cualquier categoría totalizante.

Ana Ruth Najles, parafraseando a Freud, plantea respecto a la violencia que no es posible separar amor de odio." El odio se dirige siempre a aquellos que se satisfacen de manera diferente, de manera inalcanzable. Es decir, hacia el que no es próximo, hacia el extraño, hacia el extranjero, en tanto se lo supone poseedor de un modo de gozar distinto al de uno y del que uno carece". [1]

En la definición de violencia el elemento esencial es el daño tanto físico como psicológico. Las múltiples maneras de manifestación asocian variadas formas de destrucción: lesiones físicas, humillaciones, amenazas, rechazo, etc. Esto es lo que encontramos al buscar su significado.

Al hablar de daño físico y psicológico, pensamos en un cuerpo, el cuerpo como objeto de agresión. Sin embargo sabemos que uno de los efectos del lenguaje es que separa al cuerpo del sujeto. Este efecto de escisión, de separación entre sujeto y cuerpo, sólo es posible por la intervención del lenguaje; el cuerpo tiene que hacerse, no se nace con un cuerpo, se construye secundariamente como efecto de la palabra. De allí la singularidad en la relación del sujeto con su propio cuerpo.

A nivel imaginario, el parlêtre busca su consistencia a través del cuerpo, cree tenerlo, cree tener un cuerpo para adorar. [2]

Desde este punto de vista tenemos un cuerpo y este cuerpo también aloja un síntoma, lo manifiesta, dice algo sobre él, de tal forma que el cuerpo habla. La histeria es ejemplo de ello.

Lacan nos habla de que la agresividad es constitutiva del hombre, sin embargo respecto al tema en cuestión, cuerpo y violencia, refiere: " hay una relación especifica del hombre con su propio cuerpo que se manifiesta en la generalidad de una serie de prácticas sociales- desde los ritos del tatuaje, de la incisión, de la circuncisión en las sociedades primitivas, hasta en lo que podría llamárselo arbitrario proustiano de la moda, en cuanto desmiente en las sociedades avanzadas ese respeto de las formas naturales del cuerpo humano cuya idea es tardía en la cultura".[3]

Najles comenta que "la sociedad no existe como entidad natural. Sólo existe por el lenguaje que se pone en forma en un discurso. Y esos discursos son los que ordenan los distintos modos de gozar, o sea, los distintos 'modos de vida' de los seres hablantes". [4]

Nuestra cultura ha mantenido como parte de un discurso una especie de culto del cuerpo marcado por ideales tales como la belleza y la perfección. Se promueve de manera feroz a nivel publicitario y de mercado todo aquello que favorezca los cuidados del cuerpo, las buenas formas y el ejercicio físico entre otras. Con base a ello, ¿cómo pensar entonces que en vez de cuidar el cuerpo, lo estético, el cuerpo es violentado en forma compulsiva de lo que es, por naturaleza, su forma natural mediante los piercings, tatuajes y agujeros entre otros? Si bien las cirugías estéticas van en el orden de alcanzar cierta perfección del cuerpo, ¿cómo pensar esa búsqueda repetida y compulsiva bordeada por la pulsión de colocar una y otra vez el cuerpo a la orden del bisturí poniendo en riesgo la vida?

Miquel Bassols nos habla de una" fascinación por la violencia refiriendo que la misma toca lo más íntimo e ignorado del fantasma en cada sujeto. Hasta el punto de que la violencia dirigida por el sujeto hacia los otros no se distingue muchas veces de la violencia dirigida contra sí mismo. La fascinación que produce muestra y encubre a la vez con su pantalla la relación más íntima de cada sujeto con la pulsión de muerte, ese oxímoron que reúne en un mismo punto la fuerza de la vida y su propia destrucción". [5]

Tantas respuestas podemos encontrar como tantos sujetos haya. Propondría preguntarnos ¿es otra forma de poner en acto el alcance final de la pulsión de muerte sobre el propio parlêtre? Es decir, ¿lo real en tanto imposible?

Del lado femenino, una respuesta fuera de la mascarada y la comedia fálica y del lado masculino fuera de la lógica del Uno fálico, estos goces como modalidad sintomática ¿inscribirán algo en el cuerpo que escape de esa función?

Lacan al respecto de todo aquello que ignoramos nos apunta: "¿Quién sabe lo que pasa en su cuerpo?.... si hay algo que desde el origen he articulado con cuidado, es muy precisamente esto: que el inconsciente no tiene nada que ver con el hecho de que uno ignora un montón de cosas en cuanto a su propio cuerpo". [6]

NOTAS

  1. Najles, A. R., ¿Por qué la violencia? en Virtualia Revista Digital de la EOL, #11-12.
  2. Lacan, J., El Seminario 23. El sinthome. Pág. 64 .Edit. Paidós.
  3. Lacan, J., La agresividad en psicoanálisis en Escritos 1.pag 97.siglo XXI editores.
  4. Najles, A. R., op. Cit.
  5. Bassols M., Traumas en los cuerpos, violencia en las ciudades. Texto de presentación del XX Encontro Brasileiro do Campo Freudiano, Belo Horizonte 12-13 de Noviembre de 2014.
  6. Lacan J., op. Cit. Pag 146.