SEPTIEMBRE
2014
N°11

LA NEL EN ACCIÓN
Violencia

Violencia y goce femenino
Claudia Subieta A. NEL-Cochabamba

Mucho están dando que hablar los hechos acontecidos a lo largo de los últimos años relacionados a los "feminicidios". Estos han pasado a cobrar ribetes alarmantes en América Latina y diversas lecturas se tejen para intentar explicarlo, darle un sentido. Algo nuevo parece emerger en este fenómeno que lo diferencia de otros hechos de violencia contra la mujer, violencia que no es nueva en el mundo. Una revisión a la historia podría dar cuenta de ello. Sin embargo la muerte de mujeres a manos de su partenaire, su muerte relacionada a su condición femenina parece ser una clave.

Por otro lado, se dice poco de la violencia de las mujeres. Éstas también ejercen la violencia, aunque por cuestiones culturales esté menos divulgado: violencia contra los hijos, la pareja, personas mayores y en casos en que la historia se atreve a contarlo, también participa y puede ser implacable a la hora de ejercer la violencia en fenómenos de masa y, a tono con la época, en la actualidad, en la violencia del orden de lo "privado".

Miller[1] plantea que el contrapunto del nombre del padre es el superyó "El goce se refiere al deseo de la madre como función sin freno simbólico. Esta función nos remite a la posición de Freud sobre el superyó femenino(..) máscara esencial del goce femenino"[2]. Miller, en el planteo de buscar un significante que escriba en la teoría de Lacan al superyó, propone el falo índice cero, el goce no frenado por el falo que "muestra la ubicuidad del goce cuando éste no se localiza como goce fálico"[3]. Ahora bien, en esta época de desfallecimiento del Nombre del Padre, de mayor pregnancia de lo imaginario y recrudecimiento de la pulsión de muerte[4] , se observa un cambio de régimen en la lógica social, el pasaje de la lógica del todo-cerrado y finito al "régimen del no-todo"[5] y lo que esto implicaría es una suerte de "sin medida", de exceso, de no regulación fálica como marca de la época.

Algo del orden del imperativo, del "deber ser" desarticulado del Ideal se pone en juego y retorna bajo el régimen voraz del superyó. Leda Guimarães[6] habla de un "profundo aplastamiento" de la voz de los hombres, de la posición de deseo de los hombres, lo que no es sin efectos en el semblante viril; la mujer actual se plantearía como una suerte de "portavoz de la verdad acerca del Real de la subjetividad humana"[7], posición articulada a la creencia en que los hombres no tienen exactamente el falo sino que lo son, alimentando un odio profundo y traduciéndose él mismo en una exigencia de que éstos se pronuncien desde una posición femenina. Esto acaba, dirá Guimaraes " manteniéndolos en una posición de objeto, sometidos a los mandatos de las mujeres" lo cual se puede hacer insoportable, empujando a una respuesta violenta, en un "intento de hacer prevalecer la posición viril por la vía (..) de la agresión, por la imposición de la fuerza física a través del pasaje al acto, ya que los hombres no cuentan hoy con un soporte simbólico consistente que les garantice, una identificación simbólica fálica"[8]. Por la caída del padre, los hombres pasan a ocupar un lugar degradado, la mujer así pensada como una encarnación del superyó para el hombre fungiría como empuje al Goce por la vía de la mortificación. La respuesta no se hizo esperar en los llamados Feminicidios.

Vuelvo al segundo planteo, cuando la mujer es la que ejerce la violencia. Ya Medea daba cuenta de esto, sin embargo en la actualidad parece haber una suerte de proliferación de Medeas post modernas; el régimen del no-todo parece empujar a esto. Otro modo de pensar esta supremacía del superyó y el empuje al sin-límite, puede leerse en la tenacidad, en lo inflexible e implacable que puede surgir en una mujer cuando ésta ejerce la violencia, el Testimonio Marguerite Duras[9], es iluminador. Tomo un fragmento de Guy Briole[10]:

"(…) Ella revela que nunca había imaginado que un día tendría que torturar a una persona. Ella no está a favor. Piensa que eso no se puede justificar. Ella es una mujer. Pero una noche (..) ella es la única que puede conducir el interrogatorio de un miliciano(..) ella quiere obtener confesiones y el interrogatorio vira hacia los golpes, la tortura(..) otros llegan y piden que se ponga fin a la tortura, no hablará. Ella dice que hay que seguir, es inflexible. Es una mujer."

Lo ilimitado del goce femenino se juega en la escena.

"La que tortura soy yo, la que tiene ganas de hacer el amor con un miliciano soy yo(..) Como pude escribir esta cosa que no se aún nombrar y que me aterroriza cuando la releo?"[11]

De algo del orden de lo excesivo, lo ilimitado, lo implacable da cuenta este testimonio. Este exceso, este sin-límite se puede analizar también en diversos fenómenos de violencia en que la mujer es protagonista, no "víctima". Casos de filicidios maternos por ejemplo, casos de agresión por quemaduras, cortes, palizas , encierros, donde la mujer detrás de la madre, arremete con toda la violencia sobre el hijo tomado como objeto, otro rasgo de la época.

Salir del discurso de la victimización en el análisis de estos fenómenos de violencia que el psicoanálisis posibilita, permite ubicar a un ser que goza, permite situar la violencia no como una situación de género sino lo pulsional como lo más propio del ser hablante, un goce no exento de las marcas de la época.

NOTAS

  1. Miller, JA, Clínica del superyó ,en "El recorrido de Lacan", Ed. Manantial, p 142
  2. Ibid, p146
  3. Ibid
  4. Laurent, E, citado por Leda Guimarães, en "Nuevos hombres, Nuevas mujeres, nuevas pasiones, en revista contingencias , CIEC, Córdoba, p22
  5. Miller, JA, El régimen del no todo en "Piezas sueltas" P279-303
  6. Ibid , nota 4, p 18
  7. Ibid
  8. Ibid, p 20
  9. Duras, M El dolor , versión electrónica
  10. Briole G, La feminización del mundo, publicación CIEC, Córdoba, p, 46
  11. Ibid, p 47