SEPTIEMBRE
2014
N°11

NUESTRAS CONVICCIONES

Una política para la Acción Lacaniana
Miquel Bassols, Presidente de la AMP

1. ¿Cómo se entiende "hoy" la ACCIÓN LACANIANA? ¿Cuándo una práctica orientada analíticamente deviene Acción Lacaniana?
Conviene en primer lugar situar el contraste entre el término "acción" y el término "acto". Son dos términos que Lacan distinguió muy bien en la clínica y esta distinción está en el principio del término "acción lacaniana" acuñado por Jacques-Alain Miller hace ya más de una década. Fue comentado por él al final de su curso del año 2003 sobre "Un esfuerzo de poesía".

Encontramos allí la necesidad lógica y ética de situar el lugar del analista en la sociedad de nuestro tiempo en una posición de exterioridad, de "extimidad" incluso, en relación a los significantes amo de la época, ya sean los que orientan el control del vínculo social, los que rigen las identificaciones grupales o los que ordenan la justicia distributiva. Por un lado, en su práctica el psicoanalista se sustrae necesariamente como sujeto al vínculo social habitual, y ello es así por la naturaleza misma del discurso analítico que pone siempre en cuestión al significante amo en posición de agente. En el acto analítico propio de su práctica, el analista no ocupa el lugar de sujeto sino de objeto, de "semblante de objeto" como solemos decir. En realidad, como indica Lacan, no hay propiamente sujeto agente del acto, el sujeto es siempre un efecto a posteriori del acto que lo modifica. El verdadero agente del acto es el objeto causa del deseo que divide al sujeto, el analizante, el único sujeto que tiene lugar propiamente en el vínculo analítico.

Pero entonces, es absolutamente necesario situar las consecuencias éticas de esta posición en el discurso y en el medio social con la pregunta con la que Jacques-Alain Miller subrayó la significación del término: "Se plantea la pregunta de saber qué puede tener lugar, al lado del acto psicoanalítico, como acción psicoanalítica o incluso, me atrevo a decir, como acción lacaniana, que da en la sociedad a este acto psicoanalítico las consecuencias que puede tener".

El término de acción, que Lacan distinguió en primer lugar de cualquier idea de actividad motriz, viene aquí a situarse en el otro plato de la balanza del acto analítico. La acción lacaniana es la consecuencia del acto analítico en el registro del vínculo social, es la consecuencia necesaria de la posición que el analista sostiene en el acto analítico, una posición que casi podríamos definir como a-social, marcando la a del objeto. Si en el acto analítico, en la privacidad del vínculo de la transferencia, el analista sostiene el lugar de objeto a, en la acción social sostiene sin duda el lugar de sujeto, diré incluso el lugar del analizante, del analizante más experimentado posible. El AE (Analista de la Escuela) debe ser en la acción social un Analizante Experimentado, por decirlo así, sabiendo extraer en cada caso las últimas consecuencias de lo que ha sido su propia experiencia analítica en la que ha ocupado el lugar de sujeto analizante.

La acción lacaniana debe sacar así las consecuencias prácticas, en cada coyuntura y problemática social, de lo que el acto psicoanalítico pone en juego en la práctica analítica. No es pues una acción dirigida por una ética de las intenciones, más o menos buenas, más o menos fundadas en el ideal del bienestar social, sino una ética de las consecuencias, no siempre fáciles ni agradables de extraer, de la función que el objeto causa del deseo tiene para cada sujeto.

2. ¿Cual es la Política que nos orienta desde la AMP respecto a la ACCIÓN LACANIANA?
Contamos en la AMP, desde el año 2000, con el así llamado "Comité de Acción" de la Escuela Una. Siguiendo la lógica y la distinción entre acto y acción que acabo de indicar, tienen también una doble función. El Comité de Acción debe suscitar el debate en la comunidad internacional, debe situar los temas cruciales para el psicoanálisis y la época y definir un programa que provoque la reflexión. Por otra parte, el Comité se concentra en acciones precisas asumiendo una función de evaluación critica de las actividades fundamentales de las Escuelas y de la AMP.

Desde el pasado mes de Abril, el nuevo Comité de Acción se ha puesto en marcha con la creación de una serie de Observatorios impulsados por sus siete integrantes, con los siguientes temas y frentes de acción en los que debemos incidir desde las Escuelas de la AMP:

— Las políticas llamadas "de género" y la Biopolítica. Se trata de incidir en las políticas actuales que hay en cada lugar sobre temas como el matrimonio igualitario, el transexualismo, los cambios de sexo en los niños y adolescentes, la adopción en matrimonios homosexuales, con todas las legislaciones que se están produciendo en el campo médico y de la salud en relación a ellos. Hemos visto ya la importancia que ha tenido la acción de miembros de la Escuela, por ejemplo en Francia, a propósito de las legislaciones del matrimonio entre homosexuales.

— Las políticas del autismo. La batalla del autismo ha tenido también episodios de primer orden e importancia en diversos lugares como España, Francia, Colombia… donde los miembros de la AMP han conseguido modificar con su acción políticas que pretenden reducir el sujeto llamado "autista" a una suerte de híbrido entre un sistema cibernético y un perro de Pavlov. Es una batalla que se proseguirá.

— Las incidencias de la genética y de la ciencia en la clínica actual. El cientificismo ha venido a ocupar en muchos lugares y momentos el lugar del sujeto supuesto saber que antes cumplían otros discursos, desde el religioso o el mismo de la política. La genética y las neurociencias plantean nuevas problemáticas en las que el discurso analítico debe tomar partido de manera consecuente con el lugar que tiene en ellas el sujeto del inconsciente.

— Las legislaciones en el campo de las psicoterapias. Aquí se trata de mantener la especificidad de la práctica analítica en el campo de las psicoterapias en coyunturas muy distintas. Recientemente, hemos visto la importancia decisiva que ha tenido la acción de miembros de la AMP en Bélgica a propósito de las legislaciones que se programaban en este campo y cómo han sabido mantener la especificidad del psicoanálisis en él.

— Las incidencias del segregacionismo contemporáneo. Los diversos fenómenos de segregación, tal como Lacan anticipó ya en los años sesenta, se extienden de manera creciente en todas partes y en las realidades sociales más diversas. El psicoanálisis sabe que el ideal de integración que gobierna muchas veces las políticas sociales tiene siempre una contrapartida difícil de tratar en las diversas formas de segregación que se producen.

— Sobre el control y la garantía. Se trata aquí de la función crítica de la propia práctica analítica en nuestras Escuelas, tanto en la práctica del control, de lo que se llama en otros lugares también "supervisión clínica", como en la administración de la garantía de la práctica que se da desde las Comisiones de la Garantía en las distintas Escuelas. Se trata aquí de la acción lacaniana dirigida sobre nosotros mismos, sobre nuestra propia práctica

Pero no es sólo desde el Comité de Acción que se orienta la acción lacaniana. La serie de Forums, de otros Observatorios creados en las siete Escuelas de la AMP, y de acciones institucionales de muchos de sus miembros, dan fe de una gran actividad en cada uno de estos frentes.

3. ¿Está el psicoanálisis en riesgo de extinción? ¿Por qué?
A juzgar por la creciente expansión de la AMP, nadie diría que el psicoanálisis corra este riesgo. El aumento de miembros y de practicantes del psicoanálisis de orientación lacaniana es constante y eso es así en muchos lugares y varias lenguas.

Pero digamos de inmediato que el psicoanálisis nació con Freud marcado ya por un riesgo de extinción. Es seguramente su manera propia de existir en una realidad donde la clínica y los discursos que la tratan cambian, se extinguen y renacen, cada vez de manera más acelerada. Por ejemplo, a juzgar por las nuevas políticas impulsadas desde EEUU en el campo de la salud mental, el famoso DSM parece tener los días contados. Se avecina ya otra clínica —o más bien la falta de clínica— ordenada a partir de los llamados "marcadores biológicos".

En realidad, Lacan nos avisó ya de que el mayor riesgo de extinción para el psicoanálisis puede venir dado por su propio éxito, en la medida que ceda a la demanda de librarse de lo real del síntoma. Véase por ejemplo la historia del psicoanálisis en los mismos EEUU. En esta coyuntura, el triunfo de la religión está asegurado, bajo todas sus nuevas formas.

El riesgo de extinción que más preocupa es sin embargo el riesgo de extinción de la propia especie humana, una especie que parece más bien una epidemia, empeñada en curarse de sí misma, del deseo y del goce que la habita. Y lo peor es que a veces parece que podría conseguirlo. Pero no hay que ser tan "optimistas". Lo real tiene formas insospechadas de actualizarse y la dimensión del fracaso es inherente a las formas de hacerle frente. Se trata, como decimos a veces, de fracasar de la buena manera ante las nuevas formas de aparición de lo real. Este será por otra parte el tema del próximo volumen que la AMP está preparando con el producto de lo que ha sido su último Congreso y que llevará el título de Lo real puesto al día, en el siglo XXI. Se trata de que los psicoanalistas mismos sepamos estar a la altura de esta actualización, de que sepamos unir nuestro horizonte a la subjetividad de nuestra época, como quería Lacan.

4. ¿Podemos pensar la Acción Lacaniana como un medio del que dispone el psicoanalista de Orientación Lacaniana en el siglo XXI, para que esto no suceda, cómo?
La respuesta será aquí tan breve como lógica con lo que acabo de desarrollar: sí, en la medida en que esta acción saque las consecuencias, con todas sus paradojas, del propio acto analítico tal como Lacan lo instauró.

Agosto de 2014