SEPTIEMBRE
2014
N°11

SECCION ESPECIAL
Las mujeres en América Latina

"Cejo, insisto, sigo escribiendo"
M. Glantz. Apariciones.
Laura Benetti, NEL Lima

Apariciones es un libro de Margo Glantz. Académica de la lengua, periodista, escritora, investigadora de la obra de Sor Juana Inés de la Cruz. Me propuse leer el texto teniendo como orientación la lingua ignota. Esa lengua desconocida que llega por revelación divina, susurro invocante, logos de pasión y furia. Es una escritura que percute la letra sabiendo extraer de ella la riqueza del forzamiento, retoques, golpecitos, retruécanos. La Oda a santa Cecilia, el Lamento de Ariadna, espesura de palabras, partituras y plegarias, desparramadas, en la codicia asoladora de la sed: "Lo buscas en todo lo corpóreo, y la ves, sabes que es invisible, pero siempre corpórea". En la escritura y en el encuentro de los cuerpos siempre se corre un riesgo.

Homenaje al erotismo femenino, a esa ella, más de una voz. Es también una interpretación del fracaso de Eros, trabajar la letra como un lastre necesario para acoger a Sileo. Un cuerpo tocado por una experiencia de goce, vibrado, porque se acepta de entrada lo irreductible, para hacer con ello un eco. Ingeniosa persistencia de cavar un vacío, conseguirse un borde. ("Cuando canta sólo sudor cae en gotas transparentes sobre los rollos de su cara, tan sedoso y brillantes como la tela de tu traje"). Su textura se ofrece como el bordado de la trenza barroca –un ir y venir ágil– el dedo de la hebra que se vuelve fecunda, sirviéndose del atolladero. Marca femenina en el pene del hombre amado, para incorporar un silencio y consonar un goce. No deja de usar para ello la conexión mística, fruto de una estirpe conjugada en los extravíos de la postal arrobada. Dos monjas y el rastro que deja el cadáver de Cristo obteniendo un vuelto femenino. "Cuando la relato, es decir cuando la escribo, alguna interrumpe. Son una sombra de la otra". Una estática encarnada en rituales de carne y silencio, asistidas las hermanas, por la falsa asimilación. Con lo imposible trabaja el texto, la fraternidad del cuerpo según Lacan, es el racismo. Ello toma parte, las palabras atan las órdenes del cuerpo y la letra. "El cuerpo está hecho para ser marcado […] el primer comienzo del gesto del amor"[1]. Ella sabe con Lacan del lugar del goce de la mujer ligado al devenir[2]. Escrito inspirado en las inscripciones contingentes que anudan las órdenes del cuerpo y la letra, no-todo, ya que deja también el agujero para que se incorporen las resonancias y se honre el excedente.

"Tengo textos en donde el pelo es el protagonista; en otros los senos, los pies. ¿Por qué esa obsesión con el cuerpo, con la fragmentación del cuerpo? No lo sé explicar muy bien"[3]. Es una Apelante que se propone escribir con la huella del exilio.

Tal vez, la hermandad resida aquí precisamente en juntarse para no-todo explicarse. Es como si pudiésemos asistir al sonido de los cuerpos conventuales –a la delectación amorosa de la devoción– abstraídos de la disposición de las figuras, una hermandad surgida junto al muro. Casa de aliento. "Mientras las voces susurran, inmersas en una cotidianidad ajena a la tuya, trabajan con tu cuerpo como si fuera una materia esponjosa[4]. Este libro es un tratado de la perfección interrumpida, respetando los desacuerdos que el arrebato propone y, como dice Margo, el hilo de la voz es tenue.

"Una mujer suele inscribir marcas en la piel de su amante, araña su miembro con la uña (barnizada de rojo) del dedo con el que se masturba […] el sonido producido por los dedos del clavecinista en el teclado equivale a un rasguño en el alma"[5]. La sonata es de Bach. Se capta la iluminación profana, se capta la ex-sistencia de algo no visto. "Escribir es quitar pieles, descorrer membranas, apartar tejidos y epitelios, desarticular la fusión de letra y sentido, deshacer la escritura para hacerla, rehacerla y deshacerla hasta el infinito de la línea"[6]. Precisa su infinito sirviéndose de lo que no hay, y pone en línea la medida que se procura para ofrecer su revelación.

Recurre al trenzado Barroco, cambia algunas palabras y vuelve a ordenar lo dicho, no resultando de esa operación, una repetición. "Cuando estoy escribiendo una novela soy como un eco de resonancias. Escribo de nuevo, gozo, y la escribo. Mi instrumento son las palabras y el sonido que producen, por lo que me es imposible modularlas de la misma manera que se modula la música. ¿Se puede escribir la pasión?[7]. Sitúa el imposible, nuevamente hace el ejercicio deleitable de un uso que aparece y desaparece sin dar tregua, sin ofrecer más que su radical mutismo. No importa, aunque encuentra y consiente el límite de lo simbólico para dar sentido al goce del cuerpo; es atrevida y sigue. Es notable el uso poético del texto, porque hay algo que se inserta en la tinta, recurso para suspender la mirada y producir la música.

Impudencia del decir, ligar el goce de la mujer con la impudencia del decir, no dije impudor; su goce podría basarse en su propia impudencia[8]. Creo que Lacan utiliza aquí la impudencia como un decir deshilvanado, con las hebras se compone esa brizna de goce, desborde efímero aún en su ausencia, en la mira el pudor, para servirse en otros términos, tomando en cuenta que frente al no hay, ella puede conjurar un uso. Trozo de real con el que se borda ese Más.

En la novela, la utilización de la música efectúa un uso colateral, sirve de confín, toque en el cuerpo de esa ausencia que en este texto da resones de las apariciones. Esa apertura, confín de lo femenino, que Lacan llama, en algún momento, altercados con Venus, poniendo en primer plano ese goce ausencia tejido en paradoja, en desvío, y ella hace una partitura musical, con retazos, consiguiendo una masa flotante que circula. La revelación despojada de sentido. Enmudecer la escritura sirve eventualmente para escribir una letra en un espacio que no es sino hiancia del cuerpo, propone E. Laurent. Cuerpo: marca de goce. El empleo femenino de los cuerpos citados en un borde, atentos a la apertura, confines donde podría haber venido un sentido, pero no. Una nota que no escribe la frase melódica. Canto del cuerpo instilado.

Lugar/da Encarnación, si bien Sor Lugarda de la Encarnación es el nombre de la monja que realiza su éxtasis. Lugar da a la incorporación de ese goce en contigüidad. Es femenina su condición de un situar sin decir mucho. De repente se duplica, otra operación del texto de exquisita connivencia en redoble; una es sombra de la otra. El acople de dos texturas asistidas en el flagelo del cuerpo. Juana la asiste a destrozar el texto. "Y, Juana lo hace con tal perfección que Lugarda mantiene las señales de su cuerpo sin permitir que cicatricen. Cuando trituran entre sus dientes su cuerpo, la imagen se retuerce, las cosas se disuelven, no alcanza a contarse con palabras"[9].

"Y aunque se le restituya lugar, no por eso se le restituye voz"[10]. Ese goce femenino intermediario de esa diferencia, que no es polaridad[11].

Ella encuentra en el redoble, la aureola y la aereola (la letra troca diferencia, una para la mística, la otra para su cuerpo), modo sutil de avizorar en la Otra.

En el Seminario 18, leemos: "Pero la escritura, no el lenguaje, la escritura da sostén a todos los goces que parecen abrirse al ser hablante […] que el saber sexual falta en el campo de la verdad […] abriendo camino a goces que parodian […] pero que le sigue siendo ajeno. Tal el Otro del goce, para siempre inter-dit, al que el lenguaje sólo le da habitación proveyéndolo […] de escafandras"[12].

Hacerse su testimonio, nadie como ella para mostrar el devenir de su pregunta. Murmujear la escritura cuando ella se insinúa. Conviene saber que no es un jeroglífico lo que ella inscribe en el rasguño; imposibilidad de escribir la pasión, mas no su ejercicio. La música conector en el lugar de la relación que no hay modula lo que fuga, como límite. Masa siempre flotante[13]de lo que circula en un texto. Apariciones, en el Uno del sonido.

"¿No la oyes? vuelve a decirme, y para demostrar que la oigo escribo"[14].

NOTAS

  1. Lacan, J., Seminario, Libro 14. (Inédito).
  2. Lacan, J., Seminario, Libro 21. J. Lacan (inédito).
  3. Entrevista en Página 12.
  4. Lacan, J., Seminario, Libro 21. (Inédito).
  5. Glantz, Margo, Apariciones. México: Alfaguara.
  6. Glantz, Margo, "Borrones y borradores. Reflexiones sobre el ejercicio de la escritura". En Ensayos de literatura colonial. De Bernal Díaz del Castillo a Sor Juana Inés de la Cruz. México: Ediciones del Equilibrista, UNAM.
  7. Ibídem.
  8. Lacan, J., Seminario, Libro 21. (Inédito).
  9. Glantz, Margo. Op. Cit.
  10. Ibídem.
  11. Lacan, J., Seminario, Libro 13. (Inédito).
  12. Lacan, J., Seminario, Libro 18. Buenos Aires:Páidos.
  13. Lacan, J., Seminario, Libro 3. Buenos Aires: Páidos.
  14. Glantz, Margo. Op. Cit.