SEPTIEMBRE
2014
N°11

SECCION ESPECIAL
Las mujeres en América Latina

Mujeres, ciudad y psicosis
Gisela Suárez S., NEL Medellín

En esta convocatoria donde nos invitan a pensar la mujer en Latinoamérica voy hacer referencia a la ciudad de Medellín, ciudad enclavada en el valle de Aburrá, nominada como "las más innovadora del mundo[1]", la de la "eterna primavera"[2], entre otros nombres que están asociados a "caciques, leyenda y tradiciones" que se recuerdan a través de sus dos eventos principales del año como son: Feria de las flores en agosto y El desfile de mitos y leyendas en diciembre como el preámbulo a la navidad. Actualmente cuenta con obras de gran inversión, numerosas propuestas en medios de comunicación de alta tecnología, parques, bibliotecas, edificios ultra-modernos, avanzados sistemas de transporte, nuevos centros de estudios profesionales y tecnológicos. En Medellín se encuentran lugares que convocan, espacios o edificaciones que por sus funciones y representaciones ideológicas ejercen una gran atracción sobre la población.

En este espacio de ciudad, hay mujeres que configuran su devenir hoy y aquí, mañana allá, en un continuo movimiento, se van trasladando a su hogar, al trabajo, a un centro comercial y/o a una institución educativa, a la cual se puede ir y retornar. Pero hay otras mujeres que luego de un acontecimiento singular en su vida (como la pubertad, la confrontación con el sexo, con la procreación, etc.) hacen un desencadenamiento, y algunas no retornan al seno de su grupo familiar o social, por diversas razones. Unas porque toman el camino de la deambulación, el azar las conduce a la ciudad, la deriva de situaciones psíquicas como la perplejidad, las deja a merced de cualquier cosa que ocurra, o son rechazadas por sus parejas o por sus grupos familiares de origen. Quedan como habitantes de calle, exiliadas del vínculo tradicional, y sometidas a toda suerte de peligros y riesgos. Ello hace que la ciudad adquiera para ellas otro sentido para recorrerla de norte a sur, de oriente a occidente; para habitarla y vivir en ella, y en su anonimato, se las arreglan para estar y hacer uso de los espacios públicos. De esta manera los sujetos psicóticos hacen parte de la colectividad social.

Un estudio reciente sobre la "caracterización de habitantes de calle de la ciudad de Medellín"[3] permitió reconocer las características sociodemográficas actuales de la población de personas habitantes de y en calle. La distribución de la población muestra un fuerte predominio masculino 84.3% y sólo 15.7% de sexo femenino[4]. Se evidenció una problemática social variada a la que está expuesta esta población: el maltrato, explotación, consumo de sustancias psicoactivas, dificultad en aprendizaje, desplazamiento interurbano y desplazamiento de otros municipios.

A través de tres viñetas de mujeres psicóticas podemos saber cómo hicieron para estar en la ciudad antes de dejar de recorrerla y ser alojadas en una Unidad de atención psicosocial, conocida como la APCD[5].

M: vivía en Fredonia[6] donde conoce al padre de sus hijos con quienes se traslada a la ciudad; vivió con ellos "hasta que se le corrió la teja". Abandonó al padre de sus hijos porque "ya no le daba lo necesario para los muchachos". Cuando pierden la casa por el embargo de una deuda, sus cuatro hijos son entregados al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. "Me quedo en la calle", dice. Entonces recorre las calles del centro de la ciudad por seis meses, "en el día me sentaba en alguna esquina a ver pasar las personas, los carros, y cuando me quitaban, comenzaba a caminar, a esquivar los carros, "hablando sola". En las noches dormía en los andenes (aceras), vencida por el agotamiento, cuando no era interrumpido su descanso por hombres que querían abusar de ella a los cuales insultaba y manoteaba, moviéndose de un lado a otro hasta lograr escapar. M intentaba acallar las voces, "me insultaban, me decían que me fuera sin saber a dónde", respondía y "les gritaba". Ante la pérdida de los anclajes que la sostuvieron por un tiempo, como madre, mujer, trata de capturar a nivel de la imagen de la otra, su ser perdido, mirada que está en el mismo plano metonímico de la errancia. "Me gustaba sentarme al frente de alguna cafetería para ver entrar y salir a las mujeres, con sus vestidos bonitos, sus sacos de colores y sus zapatos de tacón".

N: vivía con su madre y hermanas; a los 16 años fue violada, acontecimiento después del cual permaneció durante mucho tiempo en la casa, aburrida por no ser "señorita". Un día tomo una decisión: Dejó su encierro para recorrer las iglesias, "permanecía todo el día, no le hablaba a nadie". La ruptura la lleva recorrer iglesias, como única inscripción que le permita un anclaje en el campo del Otro. N se inicia en el consumo de drogas psicoactivas y en el ejercicio de la prostitución, ambiente en el cual fue apuñalada. La familia la buscaba y la llevaba de nuevo a la casa, pero no se quedaba con ellos; rápidamente regresaba a vivir al centro de la ciudad. Un día caminó desde el centro hasta el barrio Castilla, y entra a la iglesia desnuda "como llegué al mundo"; así fue como fue hospitalizada. N ante el encuentro con el agujero de la significación del lenguaje, se ve confrontada con un imposible, donde algo muy precario operara de anudamiento entre el significante y el cuerpo.

C: salía todos los días a las 8:00 am y regresaba en horas de la noche; se iba "a juniniar"[7]. Se marchaba porque las brujas le querían hacer daño, le llenaban la casa de culebras, "hay mujeres malas, envidiosas, que me tenían envidia por bonita, no me dejan estar tranquila". Recorría el barrio hasta llegar al centro, allí vendía los dibujos que hacía para comprarle la leche a sus hijas, buscaba trabajo, no lo conseguía, pedía dinero, otras veces estaba con hombres que le compraban vestidos "¡más lindos!". La familia le recriminaba su comportamiento y le manifestaban que se debería ir de la casa. Solicitaron ayuda al Estado porque según ellos "antes de que haya un muerto en la casa, C debe ingresar a una institución". Según ellos "hay un maleficio en el que C debe asesinar a un miembro de la familia, para que se rompa el pacto". La familia responde con un saber popular: lo que le pasa es por un "maleficio", dejándola exiliada, en una situación de desamparo. La novela familiar de C está enmarcada por un "destino fatídico" que la ubica inicialmente como participante de una tragedia y luego la deja excluida. Ella ha respondido con sus desordenes de conducta y con los torrentes de palabras y frases que no llegan a arrojar la significación que la determina.

Tres historias que se cruzan en una institución que da albergue a personas de la calle. La administración de la ciudad cuenta con la Secretaria de Inclusión Social y Familia que tiene a cargo la Unidad de APCD, albergue de larga instancia para estos sujetos que por alguna razón están desinsertados de la red social. La Institución ha consentido a través de la orientación lacaniana, trascender el plano asistencial para ser una institución donde acoge la subjetividad psicótica errante, como un lugar Otro, en el que se pueden inscribir sus producciones. Permite buscar una solución viable para estar en la colectividad y no en el exilio.

NOTAS

  1. En 2013 la BBC mencionó a Medellín como la capital latinoamericana de la innovación
  2. El apelativo "ciudad de la eterna primavera" proviene de la fama de un clima bastante uniforme durante todo el año, con unas pocas variaciones de temperatura entre diciembre y enero y entre junio y julio, las temporadas más secas y cálidas del año
  3. Centro de Estudios de Opinión, Universidad de Antioquia –CEO-, Facultad de Ciencias y Humanas 2014, "CARACTERIZACION DE HABITANTES DE CALLE DE LA CIUDAD DE MEDELLIN". Alcaldía de Medellín, Secretaría de Inclusión Social y Familia, CONTRATO INTERADMINISTRATIVO No.4600050555 DE 2013.
  4. Idem. pág. 16
  5. Unidad de Atención Psicosocial a la población crónica en calle con discapacidad física y/o mental (APCD) de la Secretaria de Inclusión Social y Familia. Proyecto Sistema Atención al habitante de Calle Adulto. Alcaldía de Medellín.
  6. FREDONIA, municipio de Colombia localizado en la subregión Suroeste del departamento de Antioquia.
  7. Juniniar: Vocablo regional con el cual se nombra caminar por el pasaje (calle) Junín.